Los mismos cabales de siempre en el palquito. El ruedo, como cada día de tentadero, una moqueta. La hospitalidad de los ganaderos, grande como la clase de las vacas que había en los corrales…en fin, como siempre.
Y sin embargo, a mis ojos parecía una tarde especial. Sería esa luz de finales de invierno que pintaba la placita «colorá» más coqueta y campera que nunca, o sería que los toreros impregnaban con su actitud los derroteros de una tarde de tienta en La Marquesa.
Desde luego, Juan Mora está en su segunda juventud. Da gusto verle torear en el campo con el poso ese tan difícil de conseguir. Tiene la afición y las ganas de un veinteañero y la elegancia y naturalidad de un torero en sazón.
Intervinieron también Gil Caracho, con la firmeza y determinación del que quiere volver a sentir su profesión y Pedro de Flora que crece día a día como torero. A caballo, uno de los picadores de la casa, Antonio Martínez Campos que picó con la eficacia y estilo campero que le caracteriza.
Gran tentadero, en definitiva con un torero y una ganadería que van a dar muy bien que hablar en el 2013.
Y el único que estuvo con prisas y sin temple fui yo, que por cosas del trabajo y responsabilidades familiares me tuve que ir antes de degustar la sabrosa tertulia y un par de «reglamentarios». Otra vez será.